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Capítulo 2: Soledad

Lunes, 5 de junio de 2006 Andreas Sin comentarios

“Rodeó su nuca con la mano, acarició el bello que poblaba esa zona y le dio un beso en la frente.
Inhaló una bocanada de aire mientras separaba sus labios de su piel, y fijó la mirada en las pecas que ella tenía en la nariz.
Con un golpe certero clavó el cuchillo en el vientre de la chica, sin dejar de mirarle fríamente a los ojos. En pocos segundos sus manos se envolvieron de la vida que se perdía (o ganaba), y se regocijo en la idea dejando que el suelo fuera empapandose.
Disfrutaba escuchando el sonido que generaba el acto de mover descontroladamente el cuchillo arriba y abajo dentro de su cuerpo; acuoso como el que produce una manta mojada al ser lanzada contra el suelo encharcado.
Repasó con sus dedos la comisura de sus labios, limpiándole la cara; para, acto seguido, degustar el sabor de su esencia con su lengua. No pudo resistir la tentación, y al agarrarla bien fuerte para darle un último beso no supo controlarse y acabo atravesando más de lo que deseaba el frágil cuerpo, hasta que un sonido seco marcó el final de un baile inesperado.”
La lámpara de aceite le indujo sensualmente a acostarse, mientras de sus hebras emanaban los últimos vestigios de una llama azulada.
Sopló encima del papel para que se secará la tinta, y cerró con cuidado el cuadernillo. La pluma reposaba dentro de un frasco de cristal, al lado del tintero. Por la mañana tendría que limpiar de nuevo toda la mesa, ahora marcada por las frías horas de soledad perdidas frente a una pared gris y una mesa de madera.

Capítulo 1: El sueño del guerrero

Lunes, 22 de mayo de 2006 Andreas Sin comentarios

Deslizó la suave hoja por la piel describiendo una línea casi perfecta. Acto seguido la fina superficie rosada empezó a teñirse de rojo mientras grandes gotas surgían impacientes.
Miró sin ganas el cuerpo indefenso y se dio la vuelta. Quedaban demasiadas cosas por hacer y el recipiente tardaría unos minutos en llenarse.
Afiló de nuevo su cuchillo, está vez optó por coger el de mayor tamaño.
Limpió a consciencia el mármol dónde reposaban sus instrumentos, anotó en un papel un par de palabras y se volvió.
Sus ojos cristalinos se movían nerviosos sin fijar la mirada en ningún lugar concreto.
Un último espasmo marcó el final.
Suspiró, alzó el cuchillo y con un corte certero separó el cuerpo de la cabeza. Un suave golpe la desplazó rodando hasta la basura, dónde reposaban un par más en el fondo. Grandes moscas habían dado cuenta del botín y revoloteaban con ansia encima de la fresca sangre.
Un par de cortes más y le quitó las extremidades.
Ahora venía la parte laboriosa: cuchillo pequeño y plano, corte del cuello al abdomen, y con un poco de suerte sacaría la piel con facilidad. Nadie podía evitar que su delantal acabará manchado de nuevo; tendría que pasarse la tarde frotando con fuerza las secas manchas.
Tiró con fuerza y la piel fue separándose hasta dejar el cuerpo totalmente desnudo. Lo puso encima de un plato metálico y salió de la trastienda. La señora Wigger esperaba impaciente.
- ¿Dónde estabas chico? ¿Acaso crees que tengo todo el día? -
- Perdón señora Wigger, aquí tiene su pollo -
Cuando se cerró la puerta Fred cerró los ojos. Aquellas paredes oprimían sus sueños. Él siempre quiso ser médico, pero lo más cerco que estuvo de un hospital fué cuando Tom se cortó un dedo.

Imagina

Lunes, 15 de mayo de 2006 Andreas Sin comentarios

Imagina que un dia te levantas, y tu cama no está en su sitio. Has dormido en las nubes, y con el fresco de la mañana has abierto los ojos suplicando una mirada.
Imagina que la ropa está tendida de tu corazón, y cada gota despierta una nueva sensación.
Imagina que el mundo no se acaba, que tienes todo el tiempo en tus manos.
Imagina que puedes vivir tus sueños.
Imagina que hoy es ayer y mañana será pasado.
Imagina que no existes y que vuelas sin control.
Imaginate que las palabras te llevan de la mano al son de una canción.
Imagina que hoy todo se acaba, que te sientes encerrado en una prisión sin ventanas.
Imagina que un dia como este, no volverá a existir.
Ahora piensa… ¿puedes creerme?