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ensayo sobre la vida

Jueves, 31 de julio de 2008 Sin comentarios

A veces, sólo por un momento, tengo la sensación de ser capaz de tomar consciencia del universo.
Como si pudiera ver el mundo desde una distancia de miles de millones de kilómetros.
Y es en ese preciso instante en el que consigo formarme una idea aproximada de la insignificancia de la raza humana, con su ego inflado por creerse la cúspide de la evolución.

La vida, en general, es irrelevante. No importa lo que hagas, como te llames o a lo que aspires, en menos de 1.000 años no tendrá relevancia, un lapso de tiempo que puede considerarse un suspiro en medidas universales.

Entonces llego a la conclusión y a la formación de la magnitud de la estupidez humana, con sus sociedades jerárquicamente imperfectas, tratando de dirigirse de forma cruzada a diferentes destinos, chocando violentamente por falta de observación.
Tal abnegación lleva a perder el fin mismo de la vida, no cumpliendo, como mínimo, con una de las cuatro leyes básicas: nacer, crecer, reproducirse y morir; debido a la útopica búsqueda de valores intangibles imposibles de definir.

¿Que importa lo que hagas hoy?, el mañana vendrá y se irá con la misma parsimonia.
Nos obstaculizamos psicológicamente sin ninguna posibilidad de atisbar, ni por un segundo, que es la vida.
Morimos pensando que fuimos algo.
Puede que sea la panacea de una existencia deliberadamente condenada.

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ensayo (I)

Martes, 20 de febrero de 2007 Sin comentarios

(Rosalía entra con Rubén de la mano. Él lleva un trozo de chocolate en su mano y toda la cara manchada.)

Rosalía: Anda pasa, que ya verás como se pondrá tu padre cuando vea la que has armado.
Rubén: Pero si ha sido Manuel.
Rosalía: Me da igual quien haya sido. Ese sillón era de tu padre.

(Antonio entra y Rubén rompe a llorar)

Antonio: ¿Que le pasa a este niño?
Rosalía: No lo quieras saber…
Antonio: ¿Que ha hecho esta vez…?
Rubén: Yo no he sido!

(Antonio coge con firmeza a Rubén y lo mira a la cara)

Antonio: Cuéntame ahora mismo que has hecho!
Rubén: Manuel tenia el chocolate y no me quería dar un poco!
Antonio: ¿El chocolate?
Rosalía: Los niños han manchado de chocolate el sillón de tu escritorio, y ya sabes lo que cuesta que se vaya. Para una vez que les habías traido un poco de Francia… Sigo pensando que deberíamos de internarlo dónde los Jesuitas, allí sí que…

(Antonio le propina una sonora bofetada a Rubén)

Antonio: Te tengo dicho que no entres en mi despacho! Ahora vete a tu cuarto! Esta noche no cenas!
Rubén: Te odio!

(Rubén sube corriendo por las escaleras)

Antonio: Tienes razón, mañana mismo hablo con mi hermano para que lo internen. Y en verano trabajará conmigo en la tienda.
Rosalía: En el fondo es un buen chico, pero necesita disciplina. Hasta se mofa del maestro en la escuela, y siempre está haciendo novillos con esos gamberros de los gemelos.

(Júlia entra por la puerta)

Júlia: Hijo, he llegado del mercado. Dónde la Mari me han dicho que la cartilla de notas de Rubén es horrible. Pero, ¿porque tienes esa cara tan larga?
Antonio: Madre, mañana mismo me encargaré que a tu nieto lo pongan en vereda.
Júlia: ¿Que insinuas con eso?
Rosalía: Su hijo va a ingresarlo donde los curas.
Júlia: A mi niño, no le hagaís eso. No soportaría que os lo llevarías.
Antonio: Madre, tiene que crecer para ser un hombre de provecho algún día. A este paso acabará siendo un inútil sin futuro.

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