Va fugir

Va fugir sense direcció,
com si alguna cosa
l’empaites sense descans.

No va deixar
cap nota,
només un llit per desfer.

I tot plegat,
a la motxilla,
només hi portava records.

Alguns propers,
d’altres més llunyans.

Uns de somriures,
i els altres apagats.

I no va tornar.
No va mirar
enrere.

Cara

Entre la neblina veo que me busca.
Está ahí, llamándome a gritos ensordecidos.

A veces la escucho con atención, me cuenta de su ansiada tranquilidad.

Y la veo levantarse con esfuerzo, arremeter contra una barrera infranqueable en pos de libertad.

Le tiendo la mano con recelo, pero con esperanza a la par.
Me roza los dedos con ternura; como antaño, con amor.

De mis vidriosos ojos brota felicidad, una paz anhelada.

Pero por mucho que se levanta, no consigo alcanzarla.
Se vuelve lejana en la oscuridad.

Cruz

Sus ojos me mostraban que ya no estaba allí.
Hacía tiempo que se había ido.

La llamé y no respondió. No me miró.

Su vacío se perdió en el sofá, tapándose con una manta.

Y se quedó, inmóvil, somnolienta, aletargada en su propia lejanía.

Y de negro se tornaron sus días.

A ratos balbuceaba, incomprensible, retales de una vida pasada; pues la futura era un marco vetado en la pared.

Y soñé que un día se levantó y huyó, no sé bien donde.
Se fue buscando su desdichada tranquilidad.

más allá del horizonte

Al final el horizonte se escondió detrás de las nubes, persiguiendo en un viaje imposible al sol.

La ventana se empañaba de humedad, o de tristeza. Siempre es complicado imaginar el origen de las gotas de agua, retándose unas a otras a llegar al suelo antes que las demás.

El olor rancio de una moqueta pasada de moda y de atención penetraba profundamente durante esta época del año.
Por cuatro perras la podrían cambiar, dándole un lavado de cara necesario y merecido. Pero nos acostumbramos rápido a vivir en según que condiciones, y cuesta deshacerse de los hábitos cotidianos.

Finalmente la música cesó, el monitor mostraba la misma imagen incesante, con sus anuncios llamativos diseñados por adictos al LSD dispuestos a provocar ataques de epilepsia a todos sus seguidores.

Pasaron varios minutos hasta que, por fin, la pantalla se apagó y se fusionó con la oscuridad incipiente del día.
La noche penetraba todos los rincones sin prisa, con cierta pereza y recelo.

(continuará)