Cara

Entre la neblina veo que me busca.
Está ahí, llamándome a gritos ensordecidos.

A veces la escucho con atención, me cuenta de su ansiada tranquilidad.

Y la veo levantarse con esfuerzo, arremeter contra una barrera infranqueable en pos de libertad.

Le tiendo la mano con recelo, pero con esperanza a la par.
Me roza los dedos con ternura; como antaño, con amor.

De mis vidriosos ojos brota felicidad, una paz anhelada.

Pero por mucho que se levanta, no consigo alcanzarla.
Se vuelve lejana en la oscuridad.

Cruz

Sus ojos me mostraban que ya no estaba allí.
Hacía tiempo que se había ido.

La llamé y no respondió. No me miró.

Su vacío se perdió en el sofá, tapándose con una manta.

Y se quedó, inmóvil, somnolienta, aletargada en su propia lejanía.

Y de negro se tornaron sus días.

A ratos balbuceaba, incomprensible, retales de una vida pasada; pues la futura era un marco vetado en la pared.

Y soñé que un día se levantó y huyó, no sé bien donde.
Se fue buscando su desdichada tranquilidad.