Ausente

A veces estás; y sin embargo, la mayoría eres una voz quejumbrosa en el horizonte.
Por cada una de tus palabras, me robas segundos de tranquilidad.
Y me llamas de madrugada llorando soledad, sin saber que tú eres la razón y la solución.

Y yo sigo aquí, impasible, a tu lado.
Aguantando cada una de tus iras y tus reproches.
Esperando.
Esperando a que vuelvas.
A que seas tú, solamente tú, sin medias tintas.

Sé que disto de ser la mejor compañía que has podido tener en estos momentos.
Sé que he estado lejos, a más de una llamada de distancia.
Sé que te he ocultado y evitado hasta el infinito; sin saber que, cuanto más huía, menos me conocía a mi mismo, a ti.

Busqué en otros ojos la solución a estos problemas.
Sin pronunciarlos, sin siquiera mencionarlos.
Y aunque hubieron que quisieron escucharme, les escondí de mi, de ti, de todo; hasta que se fueron.

Ahora recogemos juntos esta cosecha de una vida maltrecha.
Tú, intoxicada con tu soledad; yo, ausente de corazón.

Diálogos I

– ¿Quieres café? –
– Ahora mismo no, gracias, no me apetece café –
– Bueno, siéntate si quieres –
– Gracias –
– Sabes que vamos a vender la casa,  ¿verdad? –
– Sí, aunque me jode que no me hayáis comentado nada antes –
– No es tu casa –
– No, pero fue mi vida –
– Por favor, no seas tan víctima, es solo una casa –
– Ya, pero fue mi casa, mi vida, mis recuerdos –
– No es para tanto –
– Puede que tengas razón, menos peso en mis recuerdos –
– Otra vez, no seas tan extremista –
– Qué vas a saber tú… –
– Sé que ahora mismo nadie viene por aquí, que la casa esta que se cae y que hemos conseguido que nos den cuatro perras por ella –
– Haz lo que quieras –
– Estás imposible hoy –
– No lo comprendes, es perder lo poco que me queda, es dar la espalda a los recuerdos –
– Tienes todas tus cosas, ¿no? –
– Sí claro, pero no es lo mismo –
– ¿Quieres un poco agua? –
– Sí, gracias –

There’s still hope
In your heart.

And dream,
Dream out loud,
Dream until there is no more to be.

Because you are the best,
The best thing,
That could happen to your life.

Recuerdos para un bolsillo roto

El café se enfriaba en la mesa.
Junto a él, una cajetilla de Marlboro light y un mechero se calentaban al sol.

Introdujo la mano en el bolsillo del pantalón y rescató una libreta de pequeñas dimensiones y un lápiz desgastado.

Abrió de nuevo la última página escrita y continuó, ensimismado, con su trabajo matutino.

Al pasar a la siguiente página una fotografía antigua se desprendió de la libreta. En ella se observaba una señora mayor con un niño de cabellos rubios y una niña sonriente de pelo negro.

Desplazó la mirada al infinito y recordó cómo y cuándo se tomó esa instantánea; y dejó volar su memoria hasta los días inocentes de su infancia.

Tomó un sorbo del café y sacó un cigarrillo de la cajetilla.