Por la radio sonaba una vieja canción de Velvet Underground, que tarareaba sin parar:

Linger on,
My pale blue eyes,
Linger on,
My pale blue eyes

El olor de las patatas y la cebolla rellenaba el ambiente de la cocina americana, por catalogar la distribución de alguna manera.

El gato corría por el pasillo como alma que lleva el diablo, usando las paredes a modo de trampolín.

Se oía de fondo el fluir del agua de la ducha.

La noche entraba por la ventana, tiñendo de oscuro unas cortinas color café; indignadas por ser blancas de nacimiento.

El otoño se dejaba caer con gotas frías y calefacciones candentes.

Un suspiro se perdió entre mis labios.

El despertador resonó histérico de nuevo.

Otra vez, otra vez la cama revuelta.

Páginas vacías

Cierras los ojos y te pierdes.
Te pierdes en un mundo infinito, propio, cálido a la par que oscuro.

Un vertedero reciclado de deshechos propios por discernir.

Paseas una visión de ti mismo por cada recóndito rincón de un universo conocido. Y temido.
Sigues senderos señalados, a recaudo de desconocer el destino certero.

Y evitas piedras recurrentes, sin éxito más real que el conocimiento añadido.

En un claro perdido descansa un sillón raído por el tiempo.
Un libro espera junto a él. Un libro con páginas vacías por rellenar.