La Luna

Y la Luna tapó la noche
de terciopelo oscuro
y fragancia a rosas.

Brotaba, rojo carmesí,
la vida de sus entrañas.

Las aguas, inquietas,
rompían con murmullos
el silencio y la calma.

Sus ojos se posaron,
en la mano que le robaba.
Una vida se perdía,
por sucumbir a la ignorancia.

Y una lágrima corría,
por una mejilla encarnada.

Si las penas son puñales,
cicatrices en el alma.

ni Dios se salva

Dejaron de correr,
las risas por la calle,
cuando el gris metálico,
irrumpía en la plaza.

Ni Dios se salva,
de la ira del hombre.

Llovieron lágrimas rojas
por una pared inmaculada.
Y balones de papel,
dormían al amanecer.

Surgió una llamarada,
silenciosa y clara;
las noches iluminaba,
acallando la esperanza.

Ya no volverán,
los chicos a la plaza,
ahora visten fusiles,
para adornar la plaza.

Ni Dios se salva,
de la ira del hombre.

motas de hiel

Aquí yace el pasado,
un universo paralelo,
un respiro meditado.

Y es que se fue,
el segundo tras el minuto,
el silencio tras el ruido,
el amor tras el olvido.

No reluce de noche,
ni destaca de día,
ni siquiera molesta,
en el pensar.

Pero fue por él,
que hoy relucen en el aire,
motas ocultas de hiel.