Es curioso como hasta el más mínimo detalle es albergado en la memoria y recordado en momentos fortuitos.

Sin embargo, más curioso es como a lo largo del tiempo esos recuerdos se tornan dulces momentos de un pasado inconexo.

Perdido

Perdido contaba segundos,
observando la ventana
y su madrugar.

Perdido cedía minutos,
a la mañana
y su despertar.

Perdido olvidaba las horas,
de mil caras grises
y su caminar.

Perdido miraba los meses,
entre las hojas
y su marchitar.

Perdido observé los años,
con su murmullo
y su quejar.

Perdido olvidé una vida,
antes mis ojos,
y mi pesar.