ella

Ella no luce diamantes en su mano. Tampoco la seda roza su piel. Ni siquiera el pelo le cae lacio por el cuello.
Ella se ha levantado de madrugada, ha recogido la ropa y se ha ido a trabajar.
Ella ha cogido un camino hacía ningún lugar, ha bajado en una estación y ha llorado.
Ella se ha cambiado de ropa, ha maquillado su tristeza y ha salido a bailar.
Ella no ha comido: ha vomitado.
Ella ha llegado tarde al tren, con las bragas manchadas de sangre.
Ella se ha recostado en su cama, con su cara magullada.
Ella se duerme, soñando que no es ella.