que bonito sería verte

Si es un pincel solitario,
defensor de lo prohibido,
un tenedor acongojado,
precursor de lo divino.

Nunca quise maltratar,
a una novia en el altar,
las princesas de hoy en día,
beben copas en cualquier bar.

Que bonito sería verte,
entre una multitud de gente,
agonizante corriente inherente,
malgastando minutos de forma sapiente.

Oh pero la noche vuelve a iluminar,
prostíbulos luminosos que invitan a pasar,
a maridos felices desgastando en sus narices,
los ahorros de la universidad.

Que bonito sería verte,
entre toda esta gente,
cabarets y rayas blancas,
 borrachos de soledad.

Y en tu cama de gemidos,
entran cada vez más inquilinos,
tu gato, tu perro, tu marido,
el vecino del cuarto, otro hombre perdido.

Oficinas de amor a domicilio,
entre fiestas encarceladas en tu pared,
dejas de mirar por el rabillo,
como los ángeles vuelan a tu merced.

Que bonito sería verte,
entre gente deprimente,
y pintar de agudo al unísono,
un maltratado bistec.

al otro lado del papel

Si pudiera decir,
todo lo que callé,
si pudiera desandar,
todo lo que ande.

Si tus labios al fin,
pudieran comprender,
si mis manos temblorosas,
supieran hacerte ver.

 Tantas palabras perdidas,
escondidas entre mi piel.

He manchado tanto este papel,
obviando mi naturaleza,
perdiéndome a mi merced.

Sin saber volver,
perdí mi consistencia,
al otro lado de la pared.

Resurgí de mi mismo,
el reflejo inverso de una salida,
tiñe de blanco la oscuridad marchita.

otro día más

Puede que hoy sea un día cualquiera. Normal, sin matices relevantes.

Puede, sin embargo, que hoy sea especial, para bien o para mal.

Para mi, sin embargo, un día no es más que otro final. Una búsqueda sin acabar. Deshago una cama que no es ni de mi propiedad. Sorbo una taza que no fui a comprar. Siempre con la sensación de que no pertenezco a este lugar. Entre tantos sitios, y en ninguno en particular.

Tantas caras que vienen y se van (o me voy yo, acumulando más soledad).

Y mirar hacia atrás, no es más que un reflejo constante de todo lo que llegué a desperdiciar. Tantas horas entre libros sin querer asimilar. Tantos gestos estúpidos que no podré borrar.

Así que he decidido partir. Es más fácil ser feliz si puedes disfrutar de tu soledad.

una noche en vela

Las aguas se tiñen de rojo,
bajo un horizonte negro,
los niños buscan cobijo,
las madres evocan su dolor.

La noche iluminada,
desprende sonidos agudos,
cualquier lugar es indiferente,
a desprender vida por el balcón.

De fondo, los mandatarios
escuchan una canción,
las mantas de la cama,
calientan el frío exterior.

Una mano manchada,
marca el fin de la orquesta,
siguen corriendo los niños,
no encuentran ninguna puerta abierta.

Un millón de almas,
cantan al despertar,
una noche en vela,
sirve para aprender a volar.

una cama

Y dijiste que no te importaba,
y perseguiste la luna,
junto a mi almohada.

Deshacías las mañanas,
entre gemidos
y tostadas.

Y ahora te vas,
sin equipaje presente,
sin caridad.

Déjame despedir,
los últimos suspiros de tranquilidad,
humeante taza de soledad.

Una cama no es una cama,
si no existe nada,
que la deshaga…

entre aguas

Si todo esta demás,
dime que hago yo en este lugar,
sin solución que remendar,
sin corazón que alimentar.

Y no pude sumergir,
mil millones de recuerdos,
esparcidos al porvenir,
entre dulces sueños de abril.

Sin embargo, decidí navegar
entre tantos lugares,
y olvidar el mar.

Volví para decirte,
que al sol no le pude hacer entender,
tantas palabras perdidas desperdiciadas por doquier,
buscando cualquier caricia antes del amanecer.

Si la luna me quiere adoptar,
me largo de este humilde lugar,
vuelvo a perderme en la oscuridad,
vuelo a soñar con mi felicidad.