Si es un pincel solitario,
defensor de lo prohibido,
un tenedor acongojado,
precursor de lo divino.
Nunca quise maltratar,
a una novia en el altar,
las princesas de hoy en día,
beben copas en cualquier bar.
Que bonito sería verte,
entre una multitud de gente,
agonizante corriente inherente,
malgastando minutos de forma sapiente.
Oh pero la noche vuelve a iluminar,
prostíbulos luminosos que invitan a pasar,
a maridos felices desgastando en sus narices,
los ahorros de la universidad.
Que bonito sería verte,
entre toda esta gente,
cabarets y rayas blancas,
borrachos de soledad.
Y en tu cama de gemidos,
entran cada vez más inquilinos,
tu gato, tu perro, tu marido,
el vecino del cuarto, otro hombre perdido.
Oficinas de amor a domicilio,
entre fiestas encarceladas en tu pared,
dejas de mirar por el rabillo,
como los ángeles vuelan a tu merced.
Que bonito sería verte,
entre gente deprimente,
y pintar de agudo al unísono,
un maltratado bistec.