puede que hoy no sea ayer

La ausencia
rompe
contra mi paciencia.

Sufro en silencio
las llagas
del infortunio.

Busco a mi amada
entre los pliegues
de la sábana
que me ha visto morir
cada mañana.

Y cuando la tengo
entre los dos
una distancia
nos separa
a los dos.

Ni un pétalo
de líquido candente
es capaz de traspasar
esta barrera
imprudente.

No hay belleza
en su mirada.

La Soledad se marcha
malcarada.

Otra vez
vuelvo a sentir
que no soy dueño
de la vida que albergo.

Me pierdo
por las noches.

Duermo en el silencio
vivo dentro del momento
con los ojos cerrados
soy libre
descarado.

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