presentimiento mundano

La ropa fría se pierde,
un camino de sombras al amanecer.
Repito en exceso,
lo que probablemente no quiero saber.

Palabras intoxicadas,
que de malvadas,
roban almas sin querer.

He muerto tantas veces,
encima de este triste papel,
que se marchita angustiado,
por el sabor de la piel,
de nombres en femenino,
que nunca alcanzan a florecer.

Laberinto diario por recorrer,
si por fin pudiera ver,
más allá de lo que esconde,
cada paso por perder.

Fantasías de medianoche,
suspiros de mediodía,
soledad al amanecer,
desesperación al caer el día.

Dime pues,
compañero infiel,
que me escondes esta vez.

Solo entre mis versos,
inquieto entre los asientos,
cabizbajo entre los demás.

Navego sin rumbo,
por la cartografía de este mundo,
sin encontrar nada a mi gusto.

Algún día soñaré,
con las manos y los pies,
a poder dormir de día,
con una sonrisa por papel.

conversaciones privadas

No supe que decirte.
Me mirabas con ojos vidriosos, esperando que te diera la solución a tus problemas. Ansiabas que de mi boca surgieran las palabras necesarias para que pudieras dormir por las noches.
Pero no sucedió.
Te hundías cada vez más, en un colchón que te absorbía con desprecio.
El olor a rancio se apoderaba de las horas y minutos que frecuentabas la pantalla luminiscente, portal a divagaciones varias y pérdida global de tiempo y consciencia.
Pero no dejabas de llorar, veías tus problemas y no sabías que hacer.
Nunca supiste levantarte del suelo por ti mismo.
Y ahora ya te ves, en la cuneta cabizbajo; muerto a destiempo por no saber mirarse al espejo.

su boca cerrada

El aroma del café se filtraba por la taza humeante, añadiendo una textura celestial a una triste tarde de domingo.
El rumor de la calle invadía anónimamente el silencio del salón, despertándome de mi meditación post-ingestión.
Decidí repasar de nuevo los papeles que reposaban inertes encima de la mesa.
Cada párrafo escondía un cementerio de recuerdos olvidados, esos que escuecen al rozar los labios con sus pensamientos lejanos.
Tantas tardes de verano, tantas vidas escondidas de antemano, y él impasible seguía mi rumbo de mi mano.
Y nunca se quejaba, nunca decía nada, siempre callado.
Esa ausencia del otro lado de la cama, gemidos desmembrados sin falta de ganas.
Y su boca cerrada, como la tumba de un muerto que nunca palpitó por voluntad.

Un sorbo tibio de un aroma distante.
Una lágrima se marcha indignada. Deshace en su camino cada resquicio de esperanza, de la ausencia endulzada, entre las tardes de domingo que no sabían a nada.
Y de fondo su silencio, ese silencio empañado por el ruido de la plaza.

la lámpara gris

lámpara
lámpara

Y vuelve a suceder.
Recoges las cosas y las guardas en el cajón (ese mismo cajón en el que intentas guardarte a pedazos pero que nunca es capaz de albergar más allá de un suspiro). Levantas la cabeza, inspiras hondo y clavas la vista al frente.
Vacío.
Te absorbe una pared en blanco. Miras el relieve descuidado y algo descolorido, imaginando que la lámpara es el sol, que el relieve es la luna, y te pierdes entre dunas de formas microscópicas.
Vuelves en ti.
El sonido del motor de la nevera produce un efecto somnífero que poco a poco se va adueñando de tus pensamientos. Y entonces, echas a volar.
En estos momentos es cuando, misteriosamente, logro ser feliz. Y digo feliz, con sus cinco letras. No esa idea precocinada aceptada por la sociedad dónde tu vida forma parte de un circo de marionetas.
Sueño con cosas imposibles, me imagino mil mundos diferentes, en los cuales soy capaz de sonreír sin esfuerzo.
Y de repente, cual sartenazo vulgar, me evado de mi mismo, consiguiendo una distancia kilométrica (a años luz de mi mismo, en otro plano, en otra vida). Me observo con detenimiento, y recaigo en todo lo demás.
Soy como una partícula de polvo, de las que gustan pasearse entre los rayos de sol de las mañanas de primavera, por esos pisos de paredes altas y ventanas sucias y antiguas.
Me veo como una línea serpenteante, con un pasado descolorido, un presente desdibujado y un futuro debilitado.
Tomo consciencia de mi nueva situación, y soy capaz de entender todas las cosas que me atormentan de madrugada. Con nostalgia le digo a mi proyección que estoy muerto, de la misma manera que una nuez está viva.
Separo de mi cualquier vestigio de sentimiento que se pueda albergar, tornándome transparente, que no invisible.
Desearía estar así indefinidamente, viendo cada segundo como un sinfín de notas divergentes en una partitura escondida.
Un golpe me sacude de nuevo dentro de mi mismo.
Una lágrima recorre mi mejilla, más por inercia que por ganas.

Miro de nuevo la lámpara gris, con su estructura gris y su base gris.

marionetas al azar

Hace tiempo que ya no te digo nada,
he perdido años por la ventana,
y busco en los extraños una mirada,
que vuelva a traerme hacía ti…

He ocultado tus fotos debajo de la cama,
mancho soledad con tu fragancia,
quiero despertar de esta añoranza,
y todo me recuerda a ti…

Y si las noches vuelven a llorar,
no les dejes que ocupen tu lugar,
sigo siendo una marioneta al azar…

Pierdo mi tiempo entre otras damas,
que no saben encontrar lo que añoraba,
un recuerdo inconsistente de tu marcha,
y no hay nadie que me aleje de ti…

Y no voy a volver a entorpecer,
hoy empieza un nuevo amanecer,
de sombras y caricias que escondí,
aunque sé que siguen siendo para ti…

Y si las noches vuelven a llorar,
no les dejes que ocupen tu lugar,
sigo siendo una marioneta al azar…

Algún día lloraré,
todas las lágrimas,
que te dediqué…

Y si las noches vuelven a llorar,
no les dejes que ocupen tu lugar,
sigo siendo una marioneta al azar…

puede que hoy no sea ayer

La ausencia
rompe
contra mi paciencia.

Sufro en silencio
las llagas
del infortunio.

Busco a mi amada
entre los pliegues
de la sábana
que me ha visto morir
cada mañana.

Y cuando la tengo
entre los dos
una distancia
nos separa
a los dos.

Ni un pétalo
de líquido candente
es capaz de traspasar
esta barrera
imprudente.

No hay belleza
en su mirada.

La Soledad se marcha
malcarada.

Otra vez
vuelvo a sentir
que no soy dueño
de la vida que albergo.

Me pierdo
por las noches.

Duermo en el silencio
vivo dentro del momento
con los ojos cerrados
soy libre
descarado.

al otro lado del espejo

Y siento lástima de mi mismo,
atrapado en este eterno mecanismo,
inseguridad inducida por mi propia existencia,
cuanta paciencia!

Los sueños se tornan más reales,
vivo mi vida entre sábanas multicolores,
mientras la humanidad ignora mi felicidad,
haciendo un infierno de cada despertar.

Siempre atrapado delante del espejo,
no reconozco a ese extranjero,
que me observa insatisfecho,
que conoce cada uno de mis secretos.

Aléjate maldito,
olvídame,
olvida este retrato,
de un pobre imbécil,
desconsolado.

Destilo mis segundos,
entre palabras fantasiosas,
que mezclo con cariño,
en cada uno de mis vicios.

Añoro mi soledad,
tanto como busco,
un sitio decente,
para descansar…

el salto de la libertad

Sabía que el día acabaría,
dibujaba sus sonrisas a medio hacer,
cual doliente a su merced.

La luz de la ventana,
caminaba a su costado,
fingiendo atención,
mientras le robaba cada segundo,
de su inmenso pasado.

Y saltó entre las nubes,
caía en picado,
salpicando cada uno de sus sueños,
con el silencio de su legado.

No miraba la distancia,
se sentía libre mientras la vida,
se le encogía de agonía.

Suspiro un momento,
justo cuando el lamento,
de su tenue corazón,
impactaba contra el pavimento,
esparciendo libertad,
cual leche sin tazón…