volver a nacer

Decidí,
no morder más la almohada,
deshacer los sueños,
entre nubes de porcelana.

Y encontré,
refugio en cada sitio,
donde amé (te amé).

Descarté,
todas las notas tuyas,
de una vez (de una vez).

Comprendí,
esto no sale,
nada bien (¡nada bien!).

Hoy no voy a volver,
quiero desaparecer,
huir de esta oscuridad,
perderme solo entre la inmensidad.

Cambiaré mi casa,
quemaré mi ropa,
olvidaré cada segundo,
de nuestra tullida historia.

Viajaré al infinito (infinito),
a descubrir mi destino,
sugiero que tu hagas lo mismo,
o te pierdas en el abismo.

No te voy a recordar,
eres un pasado a malgastar,
cada segundo a tu lado,
ha sido un fracaso premeditado.

Hoy no voy a volver,
quiero desaparecer,
huir de esta oscuridad,
perderme solo entre la inmensidad.

Voy a saltar,
a este vacío crepuscular,
a ponerle nombre al azar,
a todas las estrellas que me quieran observar.

Puede que algún día,
vuelvas a cruzar la esquina,
fingiré que no te conozco,
no eres parte de mi vida.

Y las luces del mar,
no van a poderme perdonar,
que olvide su murmullo,
después de tanto pasear.

Hoy no voy a volver,
quiero desaparecer,
huir de esta oscuridad,
perderme solo entre la inmensidad.

Hoy no voy a volver,
quiero desaparecer,
volver a nacer,
volver a nacer,
volver de nuevo,
a volar otra vez.

por no saber que decir

He tocado tantos mundos,
con estas manos marchitas,
condenadas al fracaso.

Un fracaso indecoroso,
de no saberse hermoso,
y, además, condenado.

Condenado a sufrir,
la más hermosa tortura,
el delirio de la locura.

Locura por sentir,
a cada segundo,
un nuevo mundo.

Un mundo por venir,
sufriendo su llegada,
una rosa marchitada.

Marchita mi razón,
con cada paso, fracaso,
el vestigio de vivir.

Vivir la odisea,
de ser cada día,
dueño de la melancolía.

Toco, melancolico,
una melodía,
carente de armonía.

la estrella de la luna

Meditaba tranquilo,
el horizonte en la ventana,
sus pensamientos en el olvido.

Dejaba pasar los días,
bañando en sueños,
y demás tonterías.

Era feliz,
por la simple razón,
de saberse solitario,
dueño de su corazón.

Y miraba la estrellas,
añorando con su alma,
acercarse más a ellas.

Un noche de luna llena,
se propuso,
dormir a su vera.

Cerro los ojos con fuerza,
y deseo con su vida,
resplandecer cual estrella.

Y desapareció.

Pero si se observa de cerca,
cuando la luna llora discreta,
entre su lágrima se vislumbra,
una nueva luz risueña.

la justicia del rey

Desgraciado indecente,
¿como osas cuestionar,
con tu boca maltrecha,
el tiempo derramado,
encima de esta mesa?

Sugieres quizá,
¿que soy un pobre diablo,
oculto bajo el manto,
de mentiras y perversiones,
desgastando maldiciones?

Pues sabed,
que soy de buena casta,
firme seguidor de esta causa.

Cualquier doncella que se precie,
podrá hallar en mi,
un ser digno de su especie.

Más si me acusais,
tan injustamente,
¿podría ser tal vez,
que fuerais vos,
con vuestra burda desfachatez,
el que busca ansiadamente,
su pellejo socorrer?

He aquí al rey,
dejad que cumpla su veredicto,
pues si es mi sangre,
la que deba,
manchar de rojo,
el suelo por el que piso;
aceptaré sin más,
este cruel martirio.

(El verdugo, encaramado,
sesgo su vida con una mano,
tiñendo de ocre el metal,
arrancando un suspiro al personal)

Oh tiempo,
no me abandones,
¿cuan cruel eres,
destino, sin dilaciones,
me dejas morir bañado,
en un mar de desertores?

Me voy,
como he venido,
con las manos vacías,
y el corazón ensombrecido.

de nuevo

Y ved mi sangre,
manar de este pecho,
que no late suficiente,
se detiene en este momento.

Se me escapa por los labios,
últimos suspiro desdichado,
fue por vos,
que ahora me marcho.

No lloréis princesa,
lo que no amasteis de día,
no lo reclaméis de noche.

Recordarme como fui,
un juego del azar,
que hoy llega a su fin.

Perseguid vuestra alegría,
buscad en una esquina,
esa fruta prohibida,
que derrocháis en cada cantina.

Y al caer los cielos,
pensad en vuestros pasos,
pues si fueron certeros,
puede que me encontreis de nuevo…

la sonrisa del espejo

Algo iba mal. Tremendamente mal.
El siseo insistente del reloj no parecía el mismo. El estampado floral del mantel que cubría la mesa parecía demasiado real, incluso con el contraste del abedul barnizado que se observaba por las patas.
El sonido del microondas le devolvió a la silla.

El reflejo del espejo estaba tañido de un fino halo de incertidumbre. El hombre que le observaba desde el otro lado tenía el rostro contraído, estudiando cada movimiento. Cepillaba sus dientes de forma rítmica, con los ojos fijos en el otro extremo. Cada pasada era un examen concienzudo de su actitud, se sentía observado por sus mismos ojos.

Salió del lavabo extrañado, absorto. Vagaba hasta el café que reposaba en la encimera. Ordenaba sus preocupaciones del día. Palpo el marco de la puerta de la cocina cuando un golpe lo tendió en el suelo.

Recobró la consciencia en un lugar oscuro. Era una habitación sin puertas ni ventanas, absolutamente carente de ningún tipo de mobiliario. Se sentía mareado, adormecido. Intentó, con esfuerzo, dar un par de pasos, pero topó con una pared. El habitáculo era más pequeño de lo que había juzgado en un principio.

Siguiendo las paredes, en busca de cualquier tipo de indicio que le proporcionará una remota posiblida de salida.

De pronto, la pared que tenía delante se torno transparente y él se vió delante de un doble de si mismo, pero esta vez era él quien ejecutaba cada acción sin voluntad. La locura le invadía por segundos, mientras una sonrisa se formaba en sus labios, pero no era él quien sonreía.