Martes, 29 de julio de 2008
Andreas
Podría escribir lo de siempre,
hablar de sentimientos prematuros,
indefensos sin incubadora.
Pero puede que me canse,
de ser siempre incoherente.
No es momento de relatar,
más veladas de porcelana,
de arena como almohada,
de sinceridad premeditada.
Prefiero soñar despierto,
viajar sin descanso,
por este mundo inquieto.
Y descubrir por azar,
porque me gusta dormirme,
con el murmullo del mar.
Martes, 29 de julio de 2008
Andreas
¿Quién osa interrumpir
el sueño?
¿Quién despierta instintos
deliberadamente escondidos?
Vaya, sois vos,
de nuevo.
Deduzco lo que buscáis,
creo que llegáis tarde.
Esta noche,
ya no queda nadie.
Sólo murmullos apagados,
en un rincón de la calle.
Martes, 29 de julio de 2008
Andreas
Hoy fallecí.
Debo expresar que fue un proceso bastante sencillo. Dulce, si me preguntáis.
Sucedió camino de casa.
Entre intermitentes árboles coloridos, deje vagar mi mente entre la gente.
Me torne inconsistente, recorriendo con cuidado cada sensación que me rodeaba, palpando el calor de Julio en sus finales.
Cuidadosamente abandone el habitáculo, experimentando etereamente el murmullo monótono de los viajeros de la calle.
Dediqué un tiempo indefinido a navegar contra corriente por las mentes de aquellos que no tenían rumbo fijo, saboreando la juventud y la vejez cúal crítico gastronómico.
Quisé escuchar a dos eternos amantes, pero fallé en mi búsqueda insubstancialmente utópica, así que indagé entre las palabras que no se dicen los que se juran lealtad.
Justo cuando decidía nutrirme de otras cuestiones menos mundanas, un estruendo me obligo a retroceder.
Hoy volví a nacer.