mirando al mar

Los ojos entrecerrados,
queriendo escapar,
murmullos marginados,
el olor del desván.

Reflejo sin espejo,
un viaje sin final,
entre las sábanas pierdo,
sueños que no llegarán.

Cuando quise volver,
nadie me seguía.

Cuando volví a nacer,
nada tenía.

Cuestiono mis errores,
dejando las virtudes atrás,
sin futuro presente,
los días pasan igual.

Metáfora incosistente,
me describo para aprender a andar.

Busco en cada mirada,
el rojo de tu ansiar.

Derroché tantas noches,
mirando al mar,
que aprendí a ahogarme,
en mi vaso de cristal.

discusiones intrínsecas

Volver a empezar,
una vida en punto muerto,
necesita respirar.

Aprendo a confiar en mí,
en mis instintos,
en mis fracasos.

Busco entre mis recuerdos,
alguno que me pueda servir,
un indicio de esperanza,
lo que algún día fui.

Y deduzco por la ausencia,
que tengo que revivir,
la consciencia y paciencia,
de aprender a sonreír.

Ahora sólo quiero poder ser,
lo que siempre me empeñé en perseguir.

Lucía

Lucía se despierta perezosa, de nuevo me mira con recelo, se esconde bajo las sábanas y finge seguir durmiendo.
Tiene cosquillas, y no se puede resistir. Se levanta de un salto y se va corriendo a la ducha.
El sol la pinta furiosamente bella esta mañana de abril.

No sabe cocinar, rompe siempre las yemas y quema el aceite de la sartén. Pero carece de importancia, ella siempre lo hace con buena fe. El chino de la esquina siempre nos encantó.

Desliza inquieta el bolígrafo por el papel, durante el trayecto diario en autobús. Pero hoy es diferente, hoy es mía; y la ciudad nos acompaña al pasear.
Nos hemos perdido por el mercado, le he comprado un vestido sensual de seda blanca. Hemos comido al borde del castillo, con la mirada perdida por la azul ciudad.

Le pregunté a media tarde que quería hacer, y con una cruel sonrisa de complicidad me dijo “amarte en silencio”. Tan sólo pude sonrojarme, no hubo nadie que se quisiera oponer.

Hoy Lucía me mira desde el otro lado del cristal. Sigue estando increíblemente bella, con su pelo recogido en un costado. Pero hoy no me la puedo llevar. Se ha ido y no volverá.

Hoy no hay nada por lo que valga la pena despertar.

una tarde cualquiera

Proyección inconsciente de mi ser,
impregnando el papel de una caligrafía críptica,
inventando todos los futuros que no puedo tener,
reviviendo cada error que llegué a cometer.

Oh, volví a recaer,
en una rima consonántica,
usando infinitivos por doquier.

Noches insensatas,
palabras ingratas,
una felicidad fingida.

¿Dime tú,
porqué pintas de azul los cielos,
que amenazan tormenta?

¿Explícame con detalle,
dónde están mis errores escondidos?
¿Dónde duermen mis sueños,
que me abandonan al amanecer?

Y muero de sensatez,
con el agua por la piel,
sintiéndome vivo,
con la soga apretando otra vez.