mil
Mil infiernos fueron necesarios,
para callar las olas del mar;
y otros mil pecados inciertos,
para arrebatarle la luz a la oscuridad.
Mil suspiros desconsolados,
surcan el pasado en libertad;
mueren mil doncellas,
con sus príncipes por llegar.
Y de estos mil años por desperdiciar,
he decidido amablemente donar,
todos los que me sobran,
para no dejar de soñar.