Martes, 13 de febrero de 2007
Andreas
Puede que no llegue mañana,
y me quede sentado en la cama,
esperando verte aparecer,
por el marco de la ventana.
Puede que cambie mi parecer,
y me limite a recorrer,
la mirada perdida,
observando el tiempo desaparecer.
Incluso puede que me abstenga,
de firmarle segundos a tu cuenta,
y me marche resignado,
a buscar otra mañana soleada…
Martes, 13 de febrero de 2007
Andreas
Sigues hablando en voz excesivamente alta, me resigno y cabizbajo te observo de reojo como la expresión de tu cuerpo denota una frustración ya conocida. Acabas, te gira enfadada, refunfuñas como una niña pequeña y te marchas. Seguramente los 15 minutos más desperdiciados de nuestras vidas, pero tú lo solucionas todo con un portazo bastante artificial.
Volverás, como siempre, con tu dignidad bien baja. Te abriré la puerta por no romper la monotonía, te desnudaré lentamente y te susurraré todo lo que necesitas oír. Al final, me abrazaras y te dormiras entre ligeros balbuceos inconscientes.
No alcanzo a entender como es posible que no me conozcas. Hoy estoy aquí, mañana quien sabe…
Pero no me pretendas atar, siempre eres tú la que se rompe en mil pedazos, se hecha a llorar en la cama y luego soy yo el que cambia las sábanas.
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Martes, 13 de febrero de 2007
Andreas
Oblida’m per un moment,
i deixa’m ser l’esperit del vent;
per poder ser lliure eternament,
i gaudir del plaer d’aquest intent.
Jugaré per la teva pell,
a dibuixar figures amb el teu cabell;
cavalcaré les paraules,
per acallar-les amb la mirada.
I si algun dia no hi sóc,
no m’esperis llevada,
com la temuda tramuntana,
volaré fins perdre’m dins la marejada.
Domingo, 11 de febrero de 2007
Andreas
¿Porque me mientes
si te digo
que no te quiero amar?
¿Porque me engañas
si suspiro
por poderte acariciar?
¿Porque mezclas
tus sentidos
con las lágrimas del mar?
No comprendo tu agonía,
eterna disfruta de tu paciencia,
que convive en la ausencia,
de saber que fuiste mía.
Nado entre cuerpos,
ajenos a la consciencia,
de sentirse satisfechos,
con un gesto de clemencia.
No me llames a la puerta,
si no te vas a desnudar,
quedarte en cueros y sin alma,
no te va a ayudar…
Jueves, 8 de febrero de 2007
Andreas
Dicen que cada noche las palabras cobran vida cuando nuestras mentes descansan, y vagan libres por la realidad dejando destellos de su presencia en aquello que visitan. Resulta harto curioso ver como vocablos que en consciencia resultan insignificantes adquieren una popularidad desproporcionada en su período personal.
Así pues, el monosílabo “si” es capaz de torcer el destino del mundo impersonal con tan sólo cambiar levemente su entonación, haciendo que cualquiera que se le interponga puede acabar recogiendo sus letras en el suelo.
Cabe destacar como sensaciones ocultas adquieren una forma abstracta y danzan por doquier sin rumbo fijo por todos lados. El caso más notable es el de “amor”, aunque normalmente va junto a “odio”, “celos” y, en menor medida, “felicidad”.
Pero todas tienen un sino que cumplir, no revolotean sin un motivo palpable, aunque muchas veces se entrelazan entre ellas sin orientación alguna y acaban convirtiéndose en un amasijo de consonantes y vocales desperdigadas por doquier. Se ha detectado en algunos casos, que cuando se ponen de acuerdo entre ellas de forma habilidosa, son capaces de crearle al mundo una faceta totalmente desconocida y aleatoria.
Hay tan sólo una faceta que son capaces de ejecutar a la perfección: desaparecer sin dejar rastro. Como una bomba de relojería, en el momento que despertamos sus huellas ya se están borrando de nuestra memoria, haciendo casi imposible cazarlas al vuelo durante un período de tiempo notorio.
Algunos comenta que se esconden en el rincón que se encuentra detrás de nuestro corazón, aguardando y planeando de forma retorcida el próximo asalto al que deben acudir.
Otros, sin embargo, opinan que sencillamente, desaparecen.
Sea como fuere, volverán siempre y cuando tengamos algo que donarles…
Martes, 6 de febrero de 2007
Andreas
- No tengo nada que decir – mustió bajando la vista al suelo. Un tenue suspiro prosiguió mientras entrecruzaba los dedos de las manos y se apoyaba de forma incómoda en la pared.
- Pues bien vas a tener que pensar algo, ahora estás solo – su interlocutor marcó la última palabra una entonación que denotaba una trascendencia aparentemente no comprendida.
Levantó la vista por un segundo, dejando escapar una mirada manchada de odio e incomprensión.
- Me voy – dijo al mismo tiempo que se incorporaba rebuscando en su bolsillo un paquete arrugado de Fortuna, del cual sacó un maltrecho cigarrillo que se llevo a los labios mientras con las manos procuraba encender el mechero.
Cuando la distancia que los separaba se hizo notoria, el otro hombre le grito – ¿Es que no vas a crecer nunca?.
Caminó hasta el puente de la Sideral, dónde se sentó a ver pasar los trenes (y las horas). De vez en cuando sacaba una bolsa de plástico transparente, que de su uso ya se había vuelto translúcida, e iba extrayendo chinas de hachís para liarse los porros.
Entre humo y fantasías veía crecer en su interior una sensación de angustia que le iba desgarrando poco a poco.
Estaba solo, completamente solo. Pero no era una novedad, en el orfanato siempre había experimentado una sensación de soledad que los demás ocupaban con vandalismo y drogas. Y él siguió la misma suerte, y así estaba, con su viejo enterrado y sin nadie a quien acudir.
Se levantó perezoso, desplazando la vista por las vías mientras se agarraba con alguna dificultad a la barandilla. Vio pasar al último mercancías del día, y se fue sin rumbo fijo por las escaleras que iban a la zona industrial.
Domingo, 4 de febrero de 2007
Andreas
Cubierto de nubes negras, el cielo era pasto de rayos y relámpagos desenfrenados y olvidados, que con el paso de los eones habían sucumbido en la más remota monotonía violenta. La tierra lloraba solitaria, desprovista de cualquier especie animal y/o vegetal que desarrollara en su faz algo más digno que gotas de agua perdidas en el viento.
Fue un rayo de luz, el que consiguió atravesar con dignidad el manto etéreo de vapor de agua condensado y proyectar en una pequeña región de tierra un diminuto foco solar, en el que, paulatinamente, se fue materializando una pequeña forma de vida. Y era amarilla. Y, posiblemente, no media más de 20cm, pero aún así, mantuvo su compostura.

Cuando tomo conciencia de la situación, ladeo la cabeza suavemente en un afán de comprobación que todo seguía en su sitio. Miro hacia arriba, y hacia abajo. Hizo una tentativa de experimentar con su nueva forma, y así, tímidamente, intento volar. Y fracasó. Pero tampoco le dio mucha importancia, tenia mucho tiempo para practicar.
Domingo, 4 de febrero de 2007
Andreas
My love come home yesterday,
she said I should let her go;
my love left my a message,
she’s begging for my soul.
My love calls me every night,
she says she can’t sleep;
my love spends all her life,
waiting somewhere for me.
My love has shut her mouth,
no tears had dropped down;
my love can’t say goodbye,
she’s buried under the sun.
Viernes, 2 de febrero de 2007
Andreas
La soledad ocupaba toda la habitación, como un soleado día de verano con un mar en calma.
Él se dedicaba a trazar con sus dedos infinitos caminos por su suave piel; ella gozaba del paseo estirada en la cama.
La miraba a los ojos, como hizo antaño en muchos otros, perdiéndose febrilmente entre sus carnes.
Se preparaba para llevar a cabo la última estrategia de flirteo con el fin de conseguir el éxtasis tan ansiadamente perseguido. Le besó el cuello, mirando de reojo como de sus finos labios se dibujaba una media sonrisa fruto del gozo.
- ¿Qué me darías por un beso? – le preguntó perdido entre sus cabellos.
- ¿Me darías tu corazón? – insistió él.
- No puedo, mi corazón es sólo mío – contestó ella.
- ¿Me darías pues, tu alma? – prosiguió él.
- No, la necesito para vivir – contestó ella divertida.
- Así pues, ¿Qué me darías por un beso? – inquirió él nervioso.
- ¿Por un beso…? Otro beso te daría – y se fundieron en un largo abrazo.
Viernes, 2 de febrero de 2007
Andreas
Sobre el manantial del olvido,
corre una paloma blanca,
con el dorso manchado,
por el llanto de una dama.
Rojas eran sus patas,
puras alas de esperanza,
gotas de oro caían,
en el manantial de la añoranza.
Llegó la noche y con ella,
negras sombras se escondían,
la pobre paloma descansaba,
en el regazo de la damisela.
Cayó la furia contenida,
sobre la pobre doncella,
que desconsolada lloraba,
roja vida sobre las aguas.
Asustada, la paloma,
se eleva sobre la noche,
lleva sueños en su ojos,
vuela con la huella del reproche.
[A Federico García Lorca, por Romancero Gitano]