Inicio > Literatura > sin corazón

sin corazón

Martes, 13 de febrero de 2007 Dejar un comentario Ir a comentarios

Sigues hablando en voz excesivamente alta, me resigno y cabizbajo te observo de reojo como la expresión de tu cuerpo denota una frustración ya conocida. Acabas, te gira enfadada, refunfuñas como una niña pequeña y te marchas. Seguramente los 15 minutos más desperdiciados de nuestras vidas, pero tú lo solucionas todo con un portazo bastante artificial.
Volverás, como siempre, con tu dignidad bien baja. Te abriré la puerta por no romper la monotonía, te desnudaré lentamente y te susurraré todo lo que necesitas oír. Al final, me abrazaras y te dormiras entre ligeros balbuceos inconscientes.

No alcanzo a entender como es posible que no me conozcas. Hoy estoy aquí, mañana quien sabe…
Pero no me pretendas atar, siempre eres tú la que se rompe en mil pedazos, se hecha a llorar en la cama y luego soy yo el que cambia las sábanas.

Creo que deberías madurar, lo suficiente para darte cuenta que en el fondo solo te estoy usando. Pero considero que es un acuerdo común, puesto que me devuelves con creces todos los besos que te doy.
Ayer Marta, hace 2 semanas Elizabeth y puede que mañana Judie. Estoy convencido que lo que más te molesta es que te lo diga sin resentimientos. Si en el fondo me da igual, vete si quieres…

Un mensaje, forma virtual de cagarse en toda mi estirpe y así desahogar tus penas… En el fondo sufres tu propia condena…

Y llamarás a tus amigas, a los amigos que no te has follado y a tu ex que dejaste amargado; solo para sentirte acompañada un rato, y volver a llorar cuando hayas acabado…

¿Que más te da? Levántate y aprende a andar, y por favor, esta vez, no me digas que no tengo corazón… Puesto que lo que importa no es esta cuestión, si no que tu no sabes diferenciar el amor y te confundes a cada segundo de pasión.

El problema es que no tienes ni idea de lo que quieres, y vas dando bandazos sin futuro. Hubo un tiempo en que fuiste mi reflejo: no era el único con él que pasabas el rato entre sus brazos y no te importaba. Usabas y te usaban, y dormías tranquila.
Y ahora mírate, con el maquillaje borrado y el alma deshecha, entras vacía de nostalgia a vomitar mil formas de excusarme sin que yo abra la boca.

Pasa niña, vamos a acabar esto de una vez…

Categories: Literatura Tags: ,
  1. Sin comentarios aún.
  1. Sin trackbacks aún.