la sala
Miércoles, 17 de enero de 2007
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La puerta se cerró lentamente, dejando escapar un mínimo sonido al rozar los metales, pero el silencio de la sala fue suficiente como para que la inundara casi con elegancia.
Varios milímetros separaban lo que en aquellos momentos significaba la vida de la muerte: a un lado, risas y comentarios brotaban espontáneamente, lo que desde otro punto de vista se podrían haber tachado socialmente de hipocresía; al otro, el dolor rasgaba lágrimas a los presentes y marcaba cada segundo como un carillón marca las horas.