muere una princesa
De rojo se tiñe su ropa,
brillan sus mejillas por el llanto,
que esta princesa se lamenta,
porque ha perdido su encanto;
y busca en una daga,
la solución a su pecado.
Dicen que arrastra sus penas,
que combate con pastillas,
la mayoria de sus miedos,
en los que su odio habita.
Busca en la fina hoja,
un descanso merecido,
de aquellos que no olvidan,
lo que una vez les fue prohibido.
Y su corazón atormentado,
ya no canta sus latidos,
prefiere seguir soñando,
en lo que pudo haber vivido.
No hagais ruido, ya duerme;
dejar que silenciosa se eleve,
que se deshaga de su esencia,
que por fin encuentre la paciencia,
de dormir eternamente,
sin nadie que la moleste.