le matin
Un sonido insostenible
deshace la cama
al despertar.
Suerte de la almohada
que desafía impasible
a la gravedad.
Leche desteñida
engulle bostezos
y sinceridad.
El día finge
los orgasmos
de los que se niega a despertar.
Un sonido insostenible
deshace la cama
al despertar.
Suerte de la almohada
que desafía impasible
a la gravedad.
Leche desteñida
engulle bostezos
y sinceridad.
El día finge
los orgasmos
de los que se niega a despertar.
On a vu
dans tes yeux
le fin du monde.
Heureusement,
les nuits sont ouvertes
à les étoiles.
Le temps,
qui passe parfois,
a envie de coucher chez toi.
Et moi,
je dors maintenant,
je viens de te voir…
El tiempo
es
una mera
extensión
del color
de tus ojos.
Una mirada,
una perdida,
un bostezo premeditado,
una sonrisa fingida.
Dime tú,
¿que callas escondida?
¿Dónde guardas tu alegria?
¿Que lugar te añora de día?
Guárdame un rincón,
a tu vera de media luna,
que perdido entre cada sol,
no alcanzo a verte desnuda.
Escupe.
Escupe todo lo que hay.
Mancilla tu garganta virginal, y escúpelo.
Estoy aquí, estoy esperando.
No te escondas, después de recorrer tan largo tramo.
Dime todo lo que callas, mátame con la mirada.
Recréate ahora, destrózame el alma.
Impregna de odio tu infierno, mancha de rojo este día negro.
Y calla, calla porque no tienes nada.
Bocanadas de aire que no saben a nada.
Un sudor frío te recorre la espinada.
El fulgor eufórico se apaga.
Te quedas solo, te sientes solo, en una cama ocupada.
Tramas la vida a puñaladas.
Pero ahora respira, descansa.
Cuidado no te alcance la mañana, con los ojos morados y tirado en la cama.
Ella volvió la vista, me miró con despreció y siguió mirando el espectáculo.
Observé sus movimientos el tiempo suficiente que me permitía mi embriagadez. Ese sabor a derrota con trazos dulces de alcohol marchitaba todos mis pensamientos.
Movía el pie suavemente, siguiendo el ritmo incesante de un cantante de más venido a menos.
Apuré la copa, prendí otro cigarrillo y me fumé el alma con suavidad.
De lejos otro cuerpo más que se mecía, de cerca un chiquillo aterrorizado que reía por no llorar. Y de frente unos ojos vendidos al vacío.
El ambiente cargado bendecía la sesión: la adolescencia arrinconada pugnaba por destacar su presencia en la sala. Al fondo, los aires de aquellos que conocen el final sucumbían a las más retorcidas historias de juventud. Y en primer plano: tú. Y yo. Y él.
El suave tintineo en que se tornaban los segundos posteriores maldecía a fuego lento la jornada. Un cristal invisible se materializó entre nosotros, por mucho que tus palabras lo intentaran esconder. Me vencí.
Como en un cuento con un final inesperado, ignoré el resto de la noche. La he escondido en un cajón desastre donde guardo la mayoría de mis fracasos.
Pasaste de primera dama a figurante.
Y he de reconocerlo, soy demasiado caprichoso.
Recuérdame así,
silencioso,
ausente.
Tumbado en la cama,
inconsciente.
Como si quisiera apagar,
todas las luces,
de la mañana.
Mírame ahora,
sedúceme la mirada.
Nunca más,
vas a estar,
del otro lado,
del cristal.
No voy a reprimir estas lágrimas,
no voy a negarles la opción,
de navegar por cada rincón,
de mis pesares.
Luchando a contra corriente,
soy lo que soy,
pero no lo que siente.
Sigo un camino indiferente,
a veces de lado,
a veces de frente.
Y no me paro a preguntar,
si es todo lo que quiero,
si es todo lo que anhelo.
Surjo de madrugada,
me reinvento en cada mirada,
me perdería en mil y una camas,
pero en el fondo,
ya no pertenezco,
a ninguna de esas miradas.
Y lo siento,
lo intento y sigue sin salir,
es una batalla personal,
un enfrentamiento sin final.